MARIO SÁNCHEZ
Que el ticket republicano no era homogéneo era un secreto a voces. Que las ambiciones de Sarah Palin no se conformaban con ser candidata a vicepresidenta de Estados Unidos se daba por descontado. Muchas han sido las insinuaciones, directas e indirectas, de la gobernadora de Alaska en relación a su futuro político. No hay más que recordar la conversación con un imitador de Nicolas Sarkozy en la que afirmó que en ocho años se veía dirigiendo el país. Además, los choques con Mc Cain durante la campaña y su ideario ultraconservador para acercarse a las bases rurales de su partido se entienden como un intento por desmarcarse de la más que previsible derrota de la candidatura de la que ella formaba parte. La noche del día 4, después de que el senador por Arizona reconociese su derrota, Palin se quedó en el escenario mientras sus más apasionados seguidores gritaban “2012, 2012”. Se desconoce cuál será el alcance de la derrota para su figura política, pero lo cierto es que ella tuvo su parte de responsabilidad en que la sociedad de Estados Unidos viera a los republicanos como una amenaza para los intereses de su país.
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domingo, 9 de noviembre de 2008
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